Según el diccionario, el desasosiego es falta de sosiego, intranquilidad, desazón, ansiedad, inquietud, resquemor y nerviosismo. Estas emociones se asocian con la pérdida de propósito, la desconexión con los propios valores o el olvido de los deseos más auténticos.
El desasosiego en el ámbito laboral suele aparecer cuando existe una desconexión entre las expectativas de la persona y la realidad de su entorno de trabajo y responde a múltiples factores que combinan lo personal con lo organizacional.
Algunos de esos factores son la falta de reconocimiento, la imposibilidad de crecimiento o de desarrollo profesional, la incertidumbre económica o sobre la continuidad laboral y el desajuste entre los valores personales y los de la organización.
En mayor o menor medida, todos quienes integramos el sistema científico argentino hemos sentido o estamos sintiendo desasosiego por uno o más de estos factores; y eso es debido a que nuestro sector es uno de los que han estado en el foco del ajuste presupuestario que aplicó el Gobierno nacional con la excusa de alcanzar el déficit cero.
Seguramente todos coincidamos en que el déficit cero es una herramienta valiosa para la gestión de un país, ya que, al igual que en la economía en el hogar o en la gestión de proyectos, no podemos (y no debemos) gastar más de lo que generamos. Sin embargo, no acordamos con las prioridades que han establecido nuestros gobernantes para conseguirlo.
Es difícil entender que mientras nuestro sector y otros que sabemos de importancia crucial para la población, como salud, discapacidad, jubilaciones o la realización de obra pública, se ven seriamente comprometidos por la escasez de recursos, se tomen, por ejemplo, medidas de exención impositiva que benefician a un puñado reducido de grandes empresas en cifras que exceden por mucho lo que hubiera requerido mantener a régimen a los sectores ajustados. Esto nos lleva a cuestionar el modelo de país que nos proponen y a cuestionar las decisiones que se han tomado, poniéndonos a pensar sobre cuáles son verdaderamente las razones detrás de las prioridades que dictaron el ajuste.
Así, muchos de nosotros identificamos una desconexión entre los valores que rigen esas decisiones de gobierno y nuestros propios valores, lo que nos genera desasosiego. Para otros, como el personal eternamente contratado, podrá ser también la duda sobre su continuidad laboral o la falta de reconocimiento del valor de su trabajo, lo que genera desasosiego, mientras que, para aquellos en formación, será además la inseguridad sobre sus posibilidades de desarrollo y su crecimiento profesional la causa de este sentimiento.
Para quienes dirigimos grupos, evitar la desazón de las personas y mantener vivos los deseos más auténticos en nuestros compañeros, en contra de la erosión que genera la realidad del sector, se ha vuelto una lucha titánica, que sentimos que estamos perdiendo. Y es porque en estas condiciones es muy difícil no sentir desasosiego, no sentir desamparo, o dudar sobre lo que creímos nuestro propósito: trabajar sostenidamente por el progreso del conocimiento, con el convencimiento de que eso beneficiará al conjunto de la sociedad y hará grande y equitativo a nuestro país.
¿Qué podemos hacer al respecto?
Desde un enfoque psicológico, una vez que reconocemos el origen de nuestro malestar, lo siguiente es tomar acciones tanto internas como externas.
Hacia el interior, la acción más concreta es la reconexión con nuestros valores más íntimos y con las razones que nos llevaron a elegir este camino. La significación de que, como dice el dicho popular, lo que no te mata te fortalece, y el reconocimiento de que la resiliencia es uno de nuestros dogmas y que es parte de lo que nos toca aprender y transmitir, porque nunca fue fácil hacer ciencia en Argentina y, sin embargo, acá estamos, aún después de una dictadura y de varias crisis periódicas con asfixia financiera y desvalorización ante la sociedad.
Hacia el exterior, visibilizar lo que nos pasa, hablarlo con todo el mundo, con nuestros hijos, con el almacenero, con el encargado del edificio y con todo aquel que nos pregunte ¿cómo estás?, porque lo que nos pasa es real, es grave y es injustificado en términos de presupuesto. Nuestra sociedad reacciona a las injusticias y es por eso que debemos visibilizarlo.
Las becas son de miseria, los salarios están tremendamente atrasados al igual que todos los del Estado nacional (menos el de los senadores), en la mayoría de los laboratorios y, salvo por acciones de los gobiernos provinciales, no entra dinero desde finales de 2023. Los recursos humanos se van y cada vez hay menos interesados en iniciar una carrera científica. Todo esto pone en serio riesgo el desarrollo de ciencia local y para los argentinos.
La ciencia no se negocia y ese convencimiento ha sido ratificado sostenidamente por nuestra sociedad. Ese apoyo fraternal debe servirnos de impulso para no callar. No callemos, porque siempre son más los que callan, hasta que hablan.
Somos capaces, somos creativos y somos humanos, hablemos y encontrémonos en nuestro sentido en la vida y en el trabajo, porque más allá de las diferencias políticas, la realidad que vivimos es una sola y es innegable. La vocación mueve montañas y trasciende gobiernos, reafirmemos esa convicción y comuniquémosla a los más jóvenes que, a diferencia de muchos de nosotros, se enfrentan por primera vez a tiempos adversos para la ciencia.
Vayamos todos juntos por un 2026 en el que nuestros gobernantes escuchen y acompañen el mensaje de la sociedad.
Desde SAMIGE queremos agradecer a todos y cada uno de ustedes por formar parte de nuestra querida Sociedad y por el esfuerzo que han puesto para mantener sus laboratorios andando. Eso le da un propósito a nuestro trabajo como gestores y nos impulsa a seguir buscando la manera de mantenernos conectados.
Que tengamos todos un 2026 con ciencia argentina financiada por y para los argentinos es el deseo de quienes conformamos la Comisión Directiva de SAMIGE.