Estela Galván y Claudio Valverde, socios de SAMIGE y ex integrantes de la comisión directiva de la entidad, comparten sus miradas sobre su labor diaria y el sistema científico en el marco del Día del Investigador y la Investigadora Científica en Argentina.
El 10 de abril se celebra en nuestro país el Día del Investigador y la Investigadora Científica, un día en el que se resalta el trabajo de quienes se dedican a hacer ciencia en nuestro país, justamente en la fecha que recuerda el nacimiento de Bernardo Houssay −Premio Nobel de Medicina en 1947−.
Para los científicos y las científicas, la investigación no es solo un trabajo, sino que ocupa un espacio central en su vida. “Es mi vocación, mi trabajo diario, donde me siento realizada a nivel profesional”, cuenta Estela Galván, doctora en Ciencias Químicas, investigadora del CONICET en el Centro de Estudios Biomédicos, Básicos, Aplicados y Desarrollo (CEBBAD) de la Universidad Maimónides y ex integrante de la comisión directiva de SAMIGE.
Para Claudio Valverde, la investigación científica es mucho más que un trabajo y resalta la gran dosis de pasión con la que realiza sus labores cotidianas en el laboratorio. “Cuesta mucho desconectarse de las ideas, de los experimentos, de los resultados (sean buenos o malos), de la necesidad de búsqueda de fondos para poder seguir desarrollando proyectos y formando recursos humanos en ciencia, y eso lleva a que la investigación científica en mi vida tenga un lugar muy importante en términos cuantitativos y cualitativos”, destaca el doctor de la Facultad de Ciencias Exactas, investigador del CONICET en el Laboratorio de Fisiología y Genética de Bacterias Beneficiosas para Plantas (LFGBBP) de la Universidad Nacional de Quilmes y ex miembro de la comisión directiva de SAMIGE.

La motivación de aportar conocimiento a la sociedad
Entre las grandes motivaciones del trabajo en ciencia se encuentra la curiosidad y la posibilidad de aportar nuevos conocimientos y desarrollos científicos y tecnológicos. En esta línea, Galván resalta “el desafío de aportar un granito de arena al conocimiento científico, en mi caso sobre las bacterias” y continúa: “El anhelo de que otras personas puedan construir a partir de mi aporte. Y que todo ese proceso redunde en beneficios hacia la sociedad, desde lo educativo y la formación de nuevos científicos, hasta las posibles aplicaciones prácticas que surjan en base al nuevo conocimiento generado”.
A Valverde lo motiva “la posibilidad concreta de que los aportes contribuyan al conocimiento colectivo de la sociedad y a la construcción de paradigmas, y, por lo tanto y por extensión, al entendimiento del funcionamiento de la vida en este planeta, o a la posible generación de herramientas para mejorar distintos aspectos de la vida misma (humana y del planeta)”.
“En relación a la microbiología −continúa−, me motiva enormemente tratar de entender aspectos de organismos tan fascinantes que tienen una historia evolutiva tan extensa en este planeta, y que son de una importancia suprema para tantos aspectos de nuestra vida (la de todos los organismos que no son procarióticos)”.
Preocupación por la falta de financiamiento
El sistema científico nacional atraviesa tiempos difíciles debido a la desactualización presupuestaria en universidades e institutos de investigación, incluidos los salarios. “La realidad actual es bastante dura, desde el escaso financiamiento para los proyectos hasta la tremenda caída de nuestros salarios. Trato de que no me gane el desánimo, no siempre lo logro. Pero sigo comprometida con mi tarea, con dar lo mejor de mí. Eligiendo creer y luchar para que vengan tiempos mejores”, reconoce Galván.
Por su parte, Valverde percibe la crisis presupuestaria que afecta al sistema científico nacional con angustia y preocupación, aunque no pierde la esperanza. “El desfinanciamiento tanto universitario como del sistema científico-tecnológico está generando un debilitamiento muy importante y a una tasa muy alta de la capacidad de desarrollar ciencia de calidad y de generar conocimiento útil y, en última instancia, está jaqueando el desarrollo y el progreso del país”, explica.
Asimismo, el investigador alerta por las consecuencias de estas políticas en el mediano y largo plazo y asegura que llevará mucho tiempo reconstruir la capacidad técnica y humana del sistema científico argentino.
“Me preocupa particularmente la desmotivación que genera en una franja del sistema que es clave, que es la base de recambio del sistema científico, que comprende desde los estudiantes de grado con inclinación a la ciencia hasta los investigadores de planta en sus primeras experiencias de desarrollo profesional”, subraya.
Con una mirada esperanzadora, Valverde agrega: “No dejo de soñar con que se alcance un grado de madurez mínimo a nivel social y político (que van de la mano), de manera que la inversión en ciencia y tecnología deje ser cuestionada y prescindida, y pase a ser una cuestión de Estado”.

Acompañar a las nuevas generaciones
Pese a las adversidades que enfrentan los científicos y científicas que trabajan hoy en el país, es importante continuar con la formación de nuevos recursos humanos y acompañar su ingreso y tránsito por el sistema científico.
En este sentido, Galván y Valverde, dos profesionales de trayectoria, animan a los jóvenes a seguir estudiando y a elegir el camino de la investigación científica. A los jóvenes, Galván les dice: “Que disfruten de hacer investigación en microbiología. Que se animen al desafío diario, aprendiendo de los pequeños fracasos. Que aprovechen cada oportunidad que se les presente. Que transiten el camino de la investigación científica de una manera colaborativa y social”.
Y Valverde completa: “Que sean pacientes, que sean dedicados, que sean comprometidos, que sean responsables, que sean éticos, que traten de divertirse, que busquen colaborar, que se apoyen en la historia de su tema (o sea, que lean papers viejos), ¡que lean papers! (que los lean ellos…), que desconfíen sanamente de sus observaciones, que se cuestionen. Todo eso, no necesariamente en ese orden. Aplica no solo para la microbiología”.