El miembro de SAMIGE, que se desempeña como investigador del CONICET y director del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), recibió el Premio Moselio Schaechter 2026.
Alejandro Vila fue galardonado por la Sociedad Americana de Microbiología (ASM, por sus siglas en inglés) con el Premio Moselio Schaechter 2026, reconocimiento que distingue a investigadores e investigadoras de países en vías de desarrollo que han demostrado un liderazgo excepcional y un compromiso sostenido con el avance de la microbiología global.
“Este reconocimiento tiene un valor muy especial porque viene de la American Society for Microbiology, que es una de las sociedades científicas más respetadas en nuestras disciplinas. Además este premio no reconoce solamente un resultado científico, un hallazgo puntual, sino una trayectoria y una contribución al desarrollo de la microbiología desde países como el nuestro, en los que hacer ciencia de alto nivel requiere un esfuerzo adicional”, señala Alejandro Vila, doctor en Química, investigador del CONICET, director del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), del CONICET y la Universidad Nacional de Rosario (UNR), y profesor de la misma universidad.
El miembro de SAMIGE destaca que no es una distinción individual, sino que la ciencia es una actividad colectiva y que este premio es el reconocimiento a más de 50 estudiantes, becarios e investigadores con quienes compartió trabajos de investigación.
“El premio reconoce la posibilidad de construir desde Argentina una agenda científica propia, sólida, competitiva internacionalmente y enfocada en problemas de gran relevancia global”, subraya.
Asimismo, Vila resalta que estos premios dan visibilidad a los institutos, a las universidades públicas y sirven de estímulo a los jóvenes que están en la etapa inicial de una carrera científica.
“Estos premios demuestran que es posible formarse y hacer ciencia competitiva internacionalmente desde el país. Esto es muy importante en el momento político actual en el que hay un desfinanciamiento severo en la ciencia en el país, y tenemos que recordarlo y llamar la atención, porque construir capacidades científicas es un trabajo que lleva décadas y las capacidades son un patrimonio que después se traduce en formación de recursos humanos, innovación y capacidad para resolver problemas propios. Perderlas es una amenaza cercana”, advierte.
Vila es el segundo científico argentino en recibir este galardón que entrega la ASM. El anterior fue Diego de Mendoza en 2015, quien formó parte de comisiones directivas de SAMIGE en los comienzos de nuestra institución
El foco en la resistencia antimicrobiana
Desde hace 30 años, Vila y su grupo trabajan en entender determinantes moleculares de la resistencia a los antibióticos. En este sentido, se concentraron en las metalo-β-lactamasas, proteínas que usan las bacterias para destruir los antibióticos más importantes, como los carbapenémicos.
“Estudiamos cómo funcionan estas proteínas, cómo hacen para utilizar metales como el zinc para romper los antibióticos y de qué manera cambios muy pequeños en su estructura son capaces de modificar la resistencia o permitir que las bacterias escapen de nuevos tratamientos, porque están en continua evolución. Y, a partir de ese conocimiento mecanístico, también pudimos colaborar en el desarrollo de estrategias para inhibirlas”, detalla el miembro de SAMIGE.
En los últimos años, sus estudios adoptaron un enfoque más microbiológico e integrado a partir de la premisa de que “en un gen de resistencia no funciona de manera aislada porque tiene que ser producido, hay que generar una proteína, y eso le cuesta mucho esfuerzo a la bacteria”.
“Estamos tratando de ver cómo las distintas especies bacterianas manejan el costo, el trabajo que implica fabricar una proteína para que destruya el antibiótico. Creemos que entender esas interacciones puede revelar puntos débiles que no son evidentes si estudiamos solamente al antibiótico y a la proteína”, describe.
Un gran problema sanitario global
Para Vila, la resistencia antimicrobiana es uno de los grandes problemas sanitarios de nuestro tiempo. En esta línea, remarca que las bacterias han ido evolucionando debido a la presión de selección por el mal uso o el abuso de antibióticos e incorporaron distintos mecanismos que les permiten sobrevivir a los antibióticos de última generación.
“Cada vez más están fallando alternativas terapéuticas muy caras, estamos hablando de terapias que cuestan entre 5 y 8 millones de dólares diarios en el tratamiento. Entonces, el problema son las bacterias resistentes a antibióticos de último recurso”, asegura.
El director del IBR de Rosario afirma que la resistencia a los antibióticos es un problema multifactorial: biológico, evolutivo, clínico y social. En este marco, comenta que “el uso indiscriminado de antibióticos en ganado y la automedicación generan una presión de selección que favorece a las bacterias capaces de resistirlos” y agrega que “los genes de resistencia se pueden ir propagando entre distintas bacterias”.
“Por eso, necesitamos usar mejor los antibióticos que tenemos, desarrollar nuevos tratamientos y, a la vez, entender mejor la biología de la resistencia. Cuanto mejor entendamos de qué manera una bacteria se hace resistente, vamos a tener más posibilidades de desarrollar nuevas terapias o aplicar mejor las que ya tenemos”, sostiene Vila.
Un trabajo que une a la comunidad de SAMIGE
Desde 2023, Vila integra junto a otros socios de SAMIGE la Red Federal de Alto Impacto REPARA —acrónimo de Evolución de la REsistencia antibiótica en infecciones crónicas Polimicrobianas en ARgentinA—, proyecto creado ese año a partir de un programa de financiamiento del por entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación (MINCyT).
Participan de la Iniciativa el grupo de Andrea Smania (expresidenta de SAMIGE) del Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC, UNC-CONICET), el equipo de Paula Tribelli (socia de SAMIGE) del Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (IQUIBICEN, CONICET-UBA) y el de Javier González del Instituto de Bionanotecnología del NOA (INBIONATEC, CONICET-UNSE).
Estos cuatro grupos de investigación de distintos puntos del país se propusieron ver cómo evoluciona la resistencia en infecciones crónicas en las que conviven distintas especies bacterianas. El modelo principal que estudian son las infecciones respiratorias de pacientes fibroquísticos pediátricos, que reciben tratamientos prolongados con antibióticos.
“Nuestra hipótesis central es tratar de entender que la resistencia no puede entenderse estudiando cada patógeno separado, sino que tenemos que ver las interacciones entre las bacterias, el ambiente de la infección, cómo la exposición sucesiva a antibióticos hacen que modifiquen su evolución y sus interacciones”, explica Vila.
A partir del trabajo con el sector clínico del Hospital pediátrico Pedro de Elizalde de CABA buscan estudiar “los genomas de las bacterias que son aislados clínicos, cómo van mutando y evolucionando”.
“Esto nos va a permitir hacer terapias personalizadas, seguir a cada uno de estos chicos y ver cómo podemos generar nuevas herramientas o explotar mejor las herramientas terapéuticas vigentes para poder dar mejor calidad de vida”, concluye Vila.