La investigadora del CONICET y socia de SAMIGE, María Gabriela Paraje, es una de las fundadoras de Calfix, una empresa de base tecnológica surgida de instituciones públicas que propone extender la vida útil de materiales cementicios e infraestructura. El proyecto fue seleccionado para participar de un programa de innovación impulsado por el MIT de Estados Unidos.
Un equipo de científicas argentinas creó una startup que busca desarrollar soluciones biotecnológicas orientadas a extender la vida útil de materiales cementicios e infraestructura.
Lo novedoso de la iniciativa radica en la utilización de bacterias para reparar fisuras en el hormigón. Para esto, llevaron adelante investigaciones interdisciplinarias durante años para comprender cómo determinados microorganismos pueden inducir la precipitación de minerales estables sobre superficies y dentro de matrices cementicias.
Así nació Calfix, una startup creada por María Gabriela Paraje (investigadora del CONICET, profesora de la Universidad Nacional de Córdoba y socia de SAMIGE) y Anabela Guilarducci (investigadora de la UTN Santa Fe), a quienes se sumó Pablo Montequin.
“La estrategia se basa en procesos de biomineralización inducida microbianamente, también conocidos como biocementación (MICP, por sus siglas en inglés). Determinadas bacterias poseen la capacidad metabólica de inducir la formación de carbonato de calcio, generando precipitados minerales compatibles con la matriz cementicia”, cuenta Paraje.

Para estos procesos utilizan microorganismos con tolerancia a condiciones extremas típicas del hormigón, como elevada alcalinidad, baja disponibilidad hídrica y estrés químico. Según la investigadora, estos microorganismos actúan como “bacterias albañiles” capaces de producir minerales que ayudan a reparar el material desde el interior de la fisura.
“El trabajo científico se enfocó en estudiar mecanismos de mineralización inducida microbianamente, la interacción célula–material y el comportamiento de bacterias en ambientes altamente hostiles para la vida microbiana, como el hormigón”, detalla.
El objetivo del proyecto es reducir procesos de degradación asociados a la fisuración, disminuir necesidades de mantenimiento correctivo y contribuir a estrategias constructivas más sostenibles.
La propuesta es un ejemplo de articulación entre investigación científica, transferencia tecnológica e innovación basada en biotecnología microbiana.
“Buscamos aportar nuevas herramientas biotecnológicas para abordar desafíos vinculados con la durabilidad de la infraestructura, la sustentabilidad en la construcción y la reducción del impacto ambiental asociado al mantenimiento de obras civiles”, indica Paraje.
En este punto, la investigadora y profesora describe: “La plataforma apunta a integrar mecanismos biológicos dentro de materiales tradicionalmente inertes, incorporando funciones de reparación mineral y protección con potencial impacto económico y ambiental. Esta solución podría ser una alternativa biotecnológica y ambientalmente más efectiva frente a selladores sintéticos utilizados convencionalmente, como poliuretanos o resinas epoxi”.
En tanto, comenta que “Calfix muestra que resultados de años de investigación en microbiología básica, biotecnología y ciencia de materiales pueden transformarse en soluciones aplicadas frente a problemáticas sociales y ambientales concretas”.

Reconocimiento internacional
Calfix fue elegida para participar del programa de innovación The Engine–Blueprint, impulsado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que acompaña a empresas de base científico-tecnológica en procesos de validación, escalamiento y transferencia de tecnologías disruptivas hacia aplicaciones reales. La empresa argentina fue de las pocas seleccionadas por fuera de Estados Unidos y Europa. El 20 de mayo Paraje y Guilarducci presentaron el proyecto en el MIT.
El programa permite acceder a mentorías especializadas, fortalecer redes internacionales, intercambiar experiencias con otros desarrollos tecnológicos y acelerar procesos de validación tecnológica y escalamiento.
“En un escenario complejo para el sistema científico nacional, ser reconocidos por un programa vinculado al MIT demuestra que la ciencia argentina no solo produce conocimiento, sino que también puede generar innovación, empresas de base tecnológica y soluciones con proyección global”, subraya Paraje.
En esta línea, la socia de SAMIGE destaca que “esta experiencia pone en evidencia la capacidad del sistema científico argentino para generar conocimiento de calidad internacional y desarrollos con potencial de transferencia e impacto”. Asimismo, resalta “el valor estratégico de la universidad pública, del CONICET y de las políticas de vinculación tecnológica”.
En la actualidad, el equipo busca generar una plataforma tecnológica con potencial de transferencia. Para ello, llevan adelante la validación de la reproducibilidad, compatibilidad con materiales de construcción, escalabilidad y viabilidad de aplicación en condiciones relevantes para infraestructura.